La llegada de Perrins nos afectó mucho como pareja.
Los nervios de las dos salieron a flote. Fue complicado adaptarnos al peque… sin saber lo que realmente tenía.
Ladraba sin parar, no nos dejaba tranquilas. Elena lo pasaba especialmente mal: él la montaba todo el rato, y eso era muy angustiante.
En ese momento nos dimos cuenta de que, como pareja, no estábamos preparadas para tener un perro. Y mucho menos un perro que ya venía con dificultades.
Cuando empecé a trabajar fuera de casa fue aún más difícil. Elena se quedaba con él, y ella trabaja desde casa. La situación se volvió muy tensa.
La educadora nos recomendó probar con una jaula. Fuimos corriendo a buscarla. Pero para Elena era horrible tener eso en casa… una jaula, como si fuera una cárcel.
Y encima, nos decían:
“Cogedlo poco. Ya tiene ansiedad por hiperapego. Si lo cogéis mucho, será peor.”
Y claro… imagina que te dicen eso, cuando lo único que quieres es abrazarlo para calmarlo, o calmarte tú.