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Hoy tengo una mirada triste, hoy me siento triste.

No puedo ver a todos esos seres humanos en medio del mar, cabecitas que se ven flotando, gente en la orilla sufriendo, personas temblando de miedo, de frío que no quieren salir del agua para que no los cojan.

¿Hasta donde hemos llegado? Por favor, son personas humanas que sufren en su país y luchan para conseguir alguna cosa mejor. En su país están muriendo, sin nada para comer, sin vacunas  y sin futuro.

¿Qué estamos haciendo?
Hoy me siento triste viendo este dolor a mi alrededor que no tiene fin.

 Al contrario. Se pelean los políticos por números, por dinero, un momento! Son humanos… Como tú, como yo, como ellos, como todos.

Está claro que yo no tengo la solución…está claro que es difícil de resolver… lo que más claro está es que esos países necesitan ayuda ya para que no se tengan que destrozar las familias.

Estoy triste…

Hemos llegado a un extremo de deshumanización que no se puede contener.

Cada vez estamos haciendo el monstruo lleno de púas más fuerte.. Eso produce que las personas se tengan que separar de la familia, se humillen, se maten y se dejen morir.

Siempre esa realidad me ha hecho estar sensible, me ha hecho reflexionar, cuestionarme, discernir cuál es mi papel ante  esta realidad. Hoy necesitó hablar, porque lo que está pasando estos últimos días no se ha visto nunca… y cada vez va a más.

Lo siento… no puedo dejar de mirar, no puedo dejar de llorar, no puedo dejar de sentir dolor.

«Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda» (Deuteronomio 24,17).

No se qué dejaré atrás…. de momento dolor.