Elena había visto un sitio donde comprar un bichón.
Aún no tenía nombre… pero fuimos a ver ese sitio.
Y la verdad, nos gustó.
Aunque también me dio un poco de pena ver tantos perros allí,
todos esperando su destino.
Aun así, nos pusimos en la lista de espera.
Un año. Un año entero.
Durante ese año… llegó la pandemia.
Y todo cambió.
Nosotros también.
Nuestra vida, nuestras prioridades, nuestras emociones.
Decidimos que se llamaría Perrins, como la salsa.
Y cuando no podíamos más con los nervios del encierro,
abríamos la ventana y gritábamos:
“¡PERRINS!”
—Así lo gritaremos cuando salga solo al parque —decíamos entre risas.
Y eso nos hacía reír, aunque fuera por un momento.
Teníamos un bote donde íbamos guardando dinero.
Si queríamos cenar fuera y no se podía… ese dinero, al bote.
Un café no tomado con alguna compañera… al bote.
Y así, poquito a poco, durante un año, conseguimos reunir lo necesario para él.
Elena se emocionaba comprando cosas…
sin saber cómo sería ese pequeñín,
sin conocer aún su mirada, su olor, su carácter.
Ese año fue un año de espera, pero también de sueños.
Cada día, el tema de conversación era él:
cómo sería,
qué haríamos con él,
cómo jugaríamos,
sus paseos, sus siestas, su presencia.
Y de golpe, un día recibo la llamada.
Me dicen que hay una camada…
y que los de delante de nosotros en la lista no lo quieren porque es macho.
Me pongo como loca.
Los nervios me recorren entera al tener que decir que sí.
Porque en el fondo me pregunto:
¿Seremos capaces?
¿Será él para nosotras?
¿Sabremos darle todo lo que necesita?
Y ahí vuelven… los nervios.La ilusión. El miedo.Y ese salto de fe que te cambia para siempre.
Perrins nació el 10 de mayo de 2021,
con una hermanita más.
