Mercè Pla
Carta a Perrins: La vida entre curvas. Emociones compartidas con mi perro

Foto: Elena Rubio mascotesdecolors
Querida humana,
Esto es lo que he sentido a tu lado todo este tiempo. Sé que te gustaría que corriera a saludarte cuando abres la puerta; sabemos que no puede ser porque no escucho nada. Pero yo sé más o menos la hora en que llegas y me preparo… tú enciendes la luz al entrar, y ese es nuestro mensaje: yo vuelo a saludarte.
Ese momento en el sofá, cuando huelo de dónde vienes, cómo estás, qué has hecho… es solo nuestro. Qué alegría siento cuando jugamos al escondite por el pasillo. A veces me cuesta encontrarte, porque toda la casa huele a ti, pero tú me das pistas, yo te descubro y corro como un loco para que me atrapes.
En la calle me das seguridad. Te miro y, con tu mirada y tus gestos, me dices: tranquilo, no pasa nada, estoy aquí. Y eso me calma. O te agachas para que pueda verte mejor, y entonces corro hacia ti buscando esa caricia que me devuelve la paz. Siento que me entiendes cuando más te necesito.
Mi querido Perrins, yo también te quiero decir que me perdones. Perdón por esas veces en que no entiendo qué te pasa y soy yo la que me pongo nerviosa; eso hace que tú te pongas más inquieto y que nos cueste calmarnos. Perdón por esos momentos en los que quiero decirte tantas cosas y me doy cuenta de que nuestra comunicación no es tan fluida como deseábamos.
Aun así, me das tanto con tus miradas, con tus saludos, con esos lamidos que, aunque en general no me gustan, acepto los tuyos porque los haces con tanto respeto que incluso me gustan. Me das ternura, calor en el sofá, compañía…
Mi pequeño Perrins, sé que tenía grandes expectativas contigo y que a veces me frustro con el proceso. Pero entonces tú me das paz, y yo puedo devolvértela cuando la necesitas. Eso nos ayuda a los dos. Tú no tienes la culpa: eres simple, bueno, cariñoso, inocente, fuerte, valiente… eres parte de mí.
Lo complicado somos los humanos, y yo un poco más, jejeje. Pero pasito a pasito vamos encontrando el camino. La verdad es que ahora no imagino mi vida sin ti.
A veces pienso en aquella familia que no te quiso por ser macho. Me gustaría conocerlos solo para darles las gracias, porque al decir que no… el tesoro me lo he llevado yo.
Tú, Perrins, me enseñas cada día que la vida está llena de curvas, que nada es recto, y que cuando nos cansamos podemos detenernos un momento en el camino, tomar aire y seguir adelante.