Mercè Pla
Capítulo 2 – El deseo que me daba miedo a nombrar

Foto: Elena Rubio Mascotes de colors
Empecé a trabajar en la residencia, y todo era nuevo para mí.
Nunca había trabajado con personas mayores, y las emociones se me cruzaban por dentro sin saber muy bien cómo nombrarlas. Venía de trabajar con jóvenes, con una dinámica totalmente diferente. Y este cambio me costaba más de lo que pensaba.
Empecé también el curso de terapia asistida con animales, junto a Roco, un labrador intenso, sobre todo con la comida.
Cada fin de semana lo iba a buscar para ir juntos al curso. Al principio me costó. Me daba miedo que me mordiera, que no me entendiera.
Pero poco a poco fuimos aprendiendo el uno del otro.
Y con ese proceso, algo empezó a moverse dentro de mí.
Empecé a sentir que quería vivir eso también en casa.
Quería pasearlo, cuidarlo, compartir la rutina.
Quería tener mi propio perro.
Pero a la vez me invadían las dudas:
"¿Y si no puedo darle lo que necesita?"
"¿En casa querrán realmente un perro?"
"¿Estoy preparada para esto?"
Yo quería.
Pero tenía miedo.
Miraba a Roco y pensaba: “Madre mía… un perro es mucho.”
A Roco lo quería mucho. A Luna también.
Pero la conexión emocional del curso era con él.
Semana tras semana, lo recogía, lo llevaba, lo disfrutaba.
Y él, feliz.
Y yo… también.
Sin saberlo del todo, Roco y yo fuimos creando algo especial.